Elegia de Miguel Hernandez | Locutor Profesional con Estudio Propio
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Desde mi propio estudio – Elegía de Miguel Hernández con voz y guitarra

Desde mi propio estudio – Elegía de Miguel Hernández con voz y guitarra
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Desde mi propio estudio – Elegía de Miguel Hernández con voz y guitarra

Esta grabación está sonando hoy en Bruselas en un homenaje a este gran poeta español. Ha sido grabada en mi propio estudio de locuciones profesionales. El registro de la voz tiene unos siete años y la guitarra unos meses.
Como me gusta guionizarlo todo, he unido este tremendo canto de dolor por la muerte, mi guitarra aflamencada salvaje, la tragedia aérea de hoy… y mis alegrías de vivir y aportar creatividad y paz este complicado mundo farandulero.
Ahí va el mio y que vaya también como homenaje a las víctimas del accidente aéreo y sus familias…hay que seguir luchando…forzaaaaa!!! Y que vaya también para mi padre Paco y para mi hermanito Alexis que los tengo presentes todos los días, sin que sea el día de nada. Si alguien lo quiere poner en su podcast, programa de radio o tv que me avise…Gracias. VIVA EL ARTE!!!

Elegía de Miguel Hernández

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

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